Nuestra Señora de la Merced, Madre de Misericordia
Escuchando la palabra de Dios que en este día nos presenta esta celebración solemne de la Madre de Dios bajo el título de Merced podemos decir, que la grandeza de Dios se manifiesta en el amor que tiene por sus discípulos.
En la primera lectura vemos el cántico en honor de Judith, así nuestro corazón mercedario en este día se inunda del gozo, para proclamar las grandezas de María, que con su sí nos otorgó el gran regalo de la libertad que es Cristo su hijo nuestro Señor.
María es la mujer que canta la grandeza de Dios, en el cántico de Lucas ofrecido como salmo responsorial el día de hoy, la Iglesia se une a su canto, engrandeciendo la obra de redención que Dios realizó en primer lugar en ella al escogerla como la Madre de Jesús y Madre Nuestra; en este cántico atribuido a María se reconoce la obra magnifica de Dios que se fijó en la humildad de su sierva, se acordó de los hombres para mostrar la salvación y rescatarlos del dominio de la muerte, para mostrarles un camino de libertad.
Jesús en la Cruz nos la otorga a María como Madre, ese privilegio que se desprende de la Cruz del Calvario y que abarca a todos los hijos de Dios de generación en generación se manifiesta en los que temen al Señor; a los pies de la cruz, María provoca aquel momento maravilloso en el cual Jesús por encima del sufrimiento que generó la Cruz la otorga al discípulo amado. El Evangelio recalcando la respuesta dice, y Juan se la llevó a su casa, como señal de acogida. Hemos de acoger a María como Madre y es por eso que todos los cristianos católicos la veneramos con ese título: Madre.
Esta celebración Mercedaria, rescata el favor que Dios nos hizo, rescatarnos con la sangre de su hijo de la esclavitud del pecado, que nos sometía a la ley, que nos hacía pensar que sólo por el cumplimiento de un rito podíamos ser salvados, dejándonos constancia que el mérito de la salvación no es nuestro sino de Dios; esta celebración, destaca el mérito de Jesús a favor nuestro; el mercedario venera a María con el título de madre de la merced, madre del redentor, madre de la misericordia, madre de los cautivos; es María la que ejerce en el mercedario el deseo de consagrarse a la redención, y como lo decían las primeras constituciones mercedarias, provoca que el mercedario “esté alegremente dispuesto a dar su vida si es menester a favor del hombre cautivo y que se encuentra en peligro de perder la fe”, como nos lo enseñó San Pedro Nolasco al abrazar la obra de redención y en reconocer a María como la inspiradora, el motivo de la fundación de la Orden Mercedaria, por eso María en nuestra Orden es María de la Merced.
Hoy Celebrando a María de la Merced, celebramos el gran amor de Dios que nos rescató y nos dio la libertad; que esta obra de redención que inició San Pedro Nolasco inspire a los mercedarios a entregar su vida por la redención de los que se encuentran en peligro de perder la fe; en Venezuela, nuestro país, los mercedarios estamos aun tratando de ejercer nuestra actividad redentora en las comunidades donde nos hemos establecido desde 1955 esperando vivir el ideal de libertad donde la fe se encuentra amenazada y en peligro de desaparecer. Que María Madre de la Merced, nos ayude a ejercer nuestro carisma en libertad y para la Libertad. Amén.
24/09/2020
Por Fr. Héctor Flores, Superior Mayor de la Orden de la Merced