La misión tiene una iglesia

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…” (Mateo 28, 19)


La Iglesia es, por su naturaleza, misionera, puesto que prolonga la misión de Cristo, que fue enviado por Dios Padre bajo la influencia del Espíritu Santo y antes de ascender al cielo. 

 

La Iglesia ha atravesado momentos duros, como el que vivimos ahora mismo. Esta realidad histórica, sumada a problemática de la actualidad como la ecología, la Pandemia, la crisis sanitaria, la defensa de los derechos fundamentales y la pobreza, entre otros nos lleva a preguntarnos ¿Qué debemos hacer los cristianos? ¿Cuál es nuestra misión como bautizados?

 

Basta que echemos una mirada al libro de los Hecho de los Apóstoles para comprender la misión de la Iglesia, y cómo las primeras comunidades con el poder del Espíritu Santo lograron vivir y cumplir el mandato misionero de Jesús de “id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28,19-20) Jesús también encomendó a sus seguidores que predicaran a todo el mundo el evangelio del Reino de Dios (Marcos 16, 15; Mateo 24, 14)

 

La misión emana de la identidad de Dios y su hijo. La misión para nosotros significa que participamos en los propósitos del pueblo de Dios para redimir toda la creación. Desde el Génesis conocemos que Dios ha hecho un pacto eterno para bendecir a todas las naciones por medio de los hijos espirituales de Abraham. Jesús no solamente vino al mundo; él fue enviado con una misión. En su bautismo Jesús recibió la afirmación de su verdadera identidad y misión. 

 

La misión del siervo fue ser agente de la salvación de Dios alcanzando los límites de la tierra. (Isaías 49, 6); ser promotor de los valores del Reino dejando que la fe, como semilla de mostaza crezca y se enraíce en el corazón de los hombres los valores de paz, justicia, libertad, fraternidad y amor. 

 

La misión de la Iglesia, por tanto, es y debe ser siempre salvadora y estar atravesada por la dimensión del amor de Cristo, un amor activo, presente en la lucha por el prójimo y capaz de otorgarle herramientas para que una vez salvos los seres humanos también sean más dignos y más libres. 

 

La Iglesia debe generar las condiciones para que las personas logren su empoderamiento y se libren de sus esclavitudes internas y externas: consumismo, internet y redes sociales, aborto, pobreza, violencia de género, desempleo, salud, explotación infantil, prostitución adolescente, eutanasia, y todos los rostros de la esclavitud moderna, medio ambiente, etc.

 

El Reino de Dios, debe ser anunciado, pero también vivido, para ello la Iglesia debe ser capaz de comunicarlo tanto en palabra como en acción, bajo el influjo del Espíritu Santo. Es cierto que la Iglesia ha recorrido un largo camino, pero es mucho lo que le falta por andar. 

 

Lo importante es que estemos dispuestos a continuar la marcha diciendo como el profeta: ¡Aquí estoy! Envíame a mí.

 

05/10/2020

Por Hna. Maribel Marquina (OVC) y Cleiber Flores (CMF)